Una aproximación biopsíquica de la enfermedad en el Poder
De pronto, abrió sus ojos
y se descubrió perdido en un cuerpo desconocido
nombrado por una inusitada jerga médica
rodeado por otros ojos que lo miraban distinto… muy distinto.
Había confundido sus células con sus súbditos,
víctimas inocentes de pedimentos insólitos que inundaban sus días
con poco sueño, café abundante, continencias atroces
como el inquebrantable mandato de callar a sus intestinos
que aullaban pidiendo un alto en el discurso o la batalla,
para vaciar su urgente carga en ávido tránsito
hacia el lugar de lo que no sirve ya más en el cuerpo.
Afuera, debajo del balcón,
el pueblo esperaba siempre su pedacito de Rey
mientras él se iba despedazando sin saberlo,
día a día, debajo de su traje blindado,
por si el enemigo llegaba volando desde afuera.
Hoy su cuerpo no es más que sublevación, revuelta, enojo profundo
y el Rey no sabe qué fuerzas del orden lanzar a sus venas
para acabar con los rebeldes.
El enemigo lo habita, lo invade, lo acompaña desde adentro
y crece como ejército enardecido para vengar el olvido
de ese cuerpo que lo llevó a ganar tantas batallas.
Hoy el Rey enfermo siente miedo
teme por su obra, por sus herederos.
Se hace preguntas, muchas preguntas.
La muerte, con su afilada guadaña ,
se asoma de tanto en tanto por la puerta del palacio
y lo observa con resignación:
tarde o temprano tendrá que llevárselo a otros reinos
donde él jamás podrá reinar…
En la soledad de su lecho nocturno
en el silencio agobiante de sus madrugadas,
el Rey no deja de preguntarse
¿por qué, si soy el Rey?
¿por qué, si aun me falta tanto por amar?
¿tanto por odiar?
¿tanto por construir?
¿tanto por destruir?
¿por qué ahora?
¿por qué YO?

Muy bueno. Gracias.
Me llegan las contradicciones, la tristeza, la incertidumbre, la pequeñez y en algún punto la humildad ,,, en fin la humanidad debajo de todo ese traje acorazado… Gracias Luisa… Megusta
Gracias Leonor… en verdad no me fue fácil expresar todo esto con empatía y respeto, enfocándome en lo profundamente humano que hay debajo de las corazas del poder. Tu comentario me tranquiliza…
poco sueño, café abundante, continencias atroces con el inquebrantable mandato de callar a sus intestinos… No hay mal que dure cien años ni cancercracia que lo resista..
He sentido un verdadero martirio en tu relato. No quisiera estar en esa piel!
Gracias Elisa… viniendo de ti, que eres tremenda escritora, me pone a flotar…
La verdad es que yo tampoco quisiera estar debajo de esa piel, con la mía tengo sufciente.
Cariños,
LuisaE
Hola Luisa
Que bueno está esto. Es serio y verdadero. Ni el Rey se salva!!
Querida y siempre recordada amiga, gracias mil por este hermosisisismo blog! eres una maravilla:..tus palabras fluyen de una manera exquisita; con una profundidad y sabiduria que deleitan…No conocia este blog. Me encanto!
Pithia: Muy bueno, respetuoso, humano y de fina y cruda poesía. Cada quien es lo que vive. PG