La verdad, ese esquivo territorio reclamado por igual por unos y por otros, esa fuente avasallante de trincheras, de búsquedas, de sueños, de guerras, de pacificaciones, de miedos y esperanzas, me lleva hoy a deambular con inquietud entre noticieros de TV, tweets, artículos de prensa escrita, videos de Youtube y no encuentro dónde vive una verdad que es asunto de estado y que tiene impacto en el presente y futuro de millones de venezolanos: La verdad sobre la salud del Presidente Chávez
Hugo Chávez llegó de su viaje a Cuba, en donde se realizó detallados exámenes médicos para conocer el estatus de su enfermedad, y dijo al país “estoy libre de enfermedad “ por esta razón fue a agradecer al Santo Cristo de La Grita en el Estado Táchira y a pagar su promesa por haber recibido el milagro de la curación, y esa es su verdad y la verdad ansiada por muchos de sus seguidores: “No hay células malignas mi cuerpo”.
En el otro lado de la orilla, rueda como río entre las piedras otra verdad: “Chávez tiene un sarcoma , un tumor muy agresivo de muy mal pronóstico (…) la expectativa de vida puede ser de hasta dos años”. Aseveraciones hechas por el Dr. Salvador Navarrete, médico venezolano vinculado al entorno cercano del Presidente e incluso militante político y seguidor ideológico del proceso revolucionario venezolano en sus inicios.
En medio de estas dos verdades que se ven la cara frente a frente como lo hacen dos boxeadores a punto de comenzar una feroz pelea por el título mundial, con el ímpetu preparatorio para el derechazo mortal, amanecen día a día miles de venezolanos como yo preguntándose ¿dónde está verdad? Algunos la encontraron en la voz del Presidente y sus voceros autorizados, otros en opiniones de profesionales de la medicina como el Dr. Navarrete ¿será que ninguna de estas verdades es totalmente verdad? ¿o que esta verdad tiene dos caras? ¿sabremos algún día la verdad? ¿Cuántas verdades hay en relación con la salud del Presidente?
Como ciudadana reclamo a los protagonistas de esta historia que miren a los ojos del país y digan de una vez con objetividad y responsabilidad dónde está esa verdad aunque -lamentablemente- puede significar emociones opuestas en cada caso para los dos mitades de un país fracturado por el resentimiento y la incapacidad de encontrar en el Otro un interlocutor con verdades y aspiraciones dignas de ser escuchadas.
En este momento, resuena con su melodía en mi mente esta frase de una de las canciones de Joan Manuel Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Pero resulta que en Venezuela si hay verdades tristes y también verdades con remedio, sólo depende del cristal con que se miren…




